Cuando dos círculos se superponen, el espacio que comparten tiene un nombre: vesica — el vaso. Durante siglos, los constructores la dibujaban antes que nada; era la geometría de los comienzos, la forma de una puerta a punto de abrirse.
Este par es deliberadamente desigual. En una oreja, la vesica — el vaso abierto, lo que sucede cuando dos mundos se cruzan. En la otra, la columna — erguida, singular, completa en sí misma. Dos respuestas a la misma pregunta, llevadas a la vez: ¿qué guardo de los demás y qué se sostiene solo porque lo construí yo?
A menudo se confunde la gracia con la suavidad. Está más cerca de la disciplina — el recorte, la contención, el gesto único en lugar de cinco. La gracia disciplinada convierte el deseo en un signo memorable; estos aretes son esa frase, hecha de oro y pavé.
Aros articulados con micro pavé sostienen las caídas; circones de 1,3 mm, oro 18k sobre acero 316L. La asimetría, llevada con intención, no se lee como accidente sino como autoría.










